En los Medios: BAE
19/02/2009
El consejo económico 1 y social
Aldo Ferrer*
La propuesta de la GGT y la UIA, de constituir un Consejo Económico y Social (CES) es una iniciativa de la mayor importancia. A su vez, la Presidenta de la Nación, en su mensaje inaugural al Congreso, destacó la necesidad de mejorar la calidad institucional de la República. La creación del CES coincide con una necesidad del país y contribuye a poner en práctica el objetivo planteado por el Poder Ejecutivo. Varias razones justifican la creación de un organismo de esa naturaleza.

Entre ellas, las siguientes: La coyuntura económica argentina en la actualidad está condicionada por dos procesos de fondo coincidentes. A saber, por una parte, la crisis económica mundial y, por la otra, la culminación de la recuperación posterior a la debacle del 2001/02. Detengámonos brevemente en cada una de estas dos cuestiones.

Respecto de la economía mundial, es previsible una caída de la producción en las mayores economías industriales, una baja de la tasa de crecimiento de las economías de Asia y, en conjunto, un estancamiento del producto mundial en los mismos niveles del 2008. El comercio internacional registrará estas tendencias y tendrá efectos en los precios de los commodities, en minerales y energía más que en alimentos. Desde la perspectiva argentina, el escenario mundial apunta hacia exportaciones de productos primarios con precios en baja o estables. En un contexto de incertidumbre financiera internacional, el crédito hacia las economías emergentes será escaso o inexistente, lo cual, no afecta significativamente a nuestro país que, desde 2001, no tiene acceso al crédito internacional.

El aumento del PBI en 60% entre 2002 y 2008, el aumento de la tasa de inversión del 12 al 24% en el mismo período y el desendeudamiento, se financiaron con ahorro interno. En relación con la evolución de la economía argentina, después del elevado crecimiento de la producción y el empleo de los últimos años, el sistema está más ordenado y bajo control que en cualquier otro momento de la historia contemporánea del país. Al mismo tiempo, se han ido agotando los impulsos iniciales de la recuperación tales como el aumento de rentabilidad provocado por el ajuste del tipo de cambio, el autofinanciamiento de la inversión privada y el crecimiento del empleo y la masa salarial. La demanda agregada de consumo e inversión ha perdido impulso y es ahora preciso relanzarla sosteniendo los espacios de rentabilidad a través de un tipo de cambio de equilibrio desarrollista, la ampliación del crédito a la inversión privada y el dinamismo de la inversión pública. Las fuentes de financiamiento están disponibles y descansan en el ahorro interno. En consecuencia, la ingeniería financiera del desarrollo es actualmente uno de los instrumentos fundamentales del crecimiento. Para tales fines es indispensable evitar la fuga de capitales que, en los últimos dos años, absorbió el superávit comercial y buena parte de los recursos reales del país que deben reciclarse en la ampliación de la capacidad productiva y la trasformación tecnológica. Es también imprescindible consolidar la solvencia de las finanzas públicas y en los pagos internacionales porque, particularmente en situaciones de inestabilidad internacional como la actual, la única garantía de seguridad con la cual cuenta un país como el nuestro es mantener la casa en orden y movilizar los recursos propios.

La crisis mundial transmite señales recesivas hacia el mercado interno, vía el comercio exterior y expectativas negativas respecto del futuro. En todo caso, la mayor parte de los problemas de la economía argentina son de fronteras para adentro, tales, por ejemplo, la incertidumbre acerca del comportamiento del tipo de cambio y su impacto en la competitividad, el conflicto del campo y la polémica sobre la confiabilidad de las estadísticas del INDEC. En consecuencia, es preciso diseñar con claridad el sendero futuro de la política económica argentina, desactivar conflictos y fortalecer la confianza para que se afirme el convencimiento de que el lugar más rentable y seguro para invertir el ahorro argentino es nuestro propio país.

Argentina tiene el potencial y los recursos para consolidar su recuperación y transitar el camino del desarrollo económico con inclusión social pero confronta el complejo desafío de consolidar su política económica en un escenario mundial turbulento. Es así necesario fortalecer los instrumentos de los cuales dispone la democracia para generar los consensos indispensables para resolver con éxito los desafíos planteados. Vale decir, ampliar y enriquecer el debate, la formulación de políticas y la toma de decisiones, sobre la realidad actual y el futuro del país, movilizando, en mayor medida que hasta ahora, las instituciones políticas ya existentes y creando otros foros en los cuales se despliegue, en plenitud, la participación de la sociedad civil. En tal sentido, es aconsejable, por un lado, ampliar la participación del Congreso en el tratamiento de los principales temas de la política económica y, por el otro, establecer, como lo han propuesto la UIA y la CGT, un Consejo Económico y Social, con la participación de los actores de la producción y el trabajo y del pensamiento (por ejemplo, vía las universidades).

El Consejo sería particularmente útil para el tratamiento de los temas sectoriales en el marco del desarrollo económico del país y su vinculación con el orden mundial. En el caso del conflicto del campo, la existencia de un ente semejante ayudaría, por ejemplo, a tratar el tema de las retenciones por su significación para la estructura productiva, simultáneamente, con sus implicancias de distribución del ingreso y reparto de los recursos fiscales emergentes. Al colocar los problemas puntuales en su contexto económico y social, se eleva el nivel de su tratamiento y facilita la generación de consensos entre los intereses contrapuestos. Actualmente, el país está en condiciones de ejecutar, con recursos reales financieros y materiales disponibles, no con déficit fiscal, medidas para sostener la demanda efectiva, el nivel de la actividad y el empleo. Es una situación radicalmente distinta a la del pasado, cuando el Estado, maniatado por la deuda y la subordinación al crédito externo, era impotente para conducir la política económica.

Se trata de un cambio de época del cual no se ha tomado, todavía, debida nota. Los programas anunciados por Gobierno, particularmente de obras públicas y créditos para diversos sectores, que en conjunto representan alrededor del 3% del PBI, pueden contribuir a sostener la demanda efectiva. El mayor desafío para el éxito de estas medidas es ubicarlas en un contexto coherente de la totalidad de la política macroeconómica con vistas a fortalecer la competitividad, ampliar los espacios de rentabilidad y generar empleo. En la situación actual del país y del mundo, es imprescindible afirmar, sobre hechos, el convencimiento que el país está fuerte, afirmado en sus propios recursos y con los instrumentos necesarios para responder a los desafíos externos e internos. La creación del Consejo Económico y Social contribuiría decisivamente a mejorar la calidad de las políticas públicas y a arbitrar los conflictos con mayor racionalidad.

* Director Editorial de Buenos Aires Económico

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