En los Medios: BAE
26/02/2009
La alianza estratégica de Argentina y Brasil
Políticas de complementaridad que faltan para su consolidación
Por Aldo Ferrer*
En un reportaje en un medio local, a mediados del año pasado, el profesor Roberto Mangabeira Unger, actual ministro de Asuntos Estratégicos del Brasil, formuló opiniones significativas para entender el gobierno del presidente Lula da Silva, sus planes futuros y la relación bilateral. Días pasados, el ministro estuvo nuevamente en Buenos Aires e insistió en sus planteos. Es oportuno repasar algunas de sus ideas porque el Ministro brasileño, es un sólido defensor de la visión nacional del desarrollo de su país y, simultáneamente, de una alianza estratégica con la Argentina fundada en la industrialización y el pleno despliegue de la ciencia y la tecnología en ambos países.

El recordado reportaje tuvo lugar antes de la agudización de la crisis mundial y cuando Brasil sostenía todavía una política de apreciación del real. En tales circunstancias, Mangabeira, después de señalar que “Argentina practicó una admirable rebeldía contra la seudo ortodoxia económica”, afirmó que “Brasil tomó el camino de la conciliación con los imperativos de la estabilidad macroeconómica y la confianza financiera. Este fue un primer paso y ahora tiene que venir el segundo”. El Ministro reclama comprensiblemente acelerar el desarrollo porque a la tasa de crecimiento prevaleciente desde el fin del “milagro” brasileño, llevaría mucho tiempo resolver el problema de la pobreza y la desigualdad en una sociedad caracterizada por la extrema concentración de la riqueza y el ingreso, asimetrías notables en la productividad por hombre ocupado en los diversos sectores económicos y, como resultado, problemas de seguridad tanto o más importantes que en el resto de la América Latina.

En la Argentina y Brasil, la actual crisis internacional se llevó consigo la ilusión de que ambos países pueden ser prósperos sobre la base fundamental de los productos primarios exportados por ambos países. El Ministro afirmaba que Brasil “debe evitar la involución económica, la regresión. Estamos en un período de aparente prosperidad, con un boom por la exportación de commodities. Pero somos concientes que si proseguimos en ese camino, seremos una combinación de una gran estancia, una gran mina y una gran maquiladora”. Puede agregase, nunca un gran país, como Brasil se lo merece por la dimensión y calidad de sus recursos humanos y materiales.

De la reflexión de Mangabeira se desprende que no alcanzaría la política histórica de fortalecer núcleos estratégicos del poder nacional (Petrobras en hidrocarburos, Embraer en la industria aeronáutica, las grandes empresas de construcción e ingeniería, la expansión de la producción pecuaria, etc.) y la proyección internacional de firmas brasileñas. Tampoco con programas sociales, tales como los llamados “bolsa escola” y “bolsa familia”, que han contribuido al alivio de las condiciones sociales y a elevar el consumo de los grupos de menores ingresos.

¿Cual es el “segundo paso” que anunciaba entonces el Ministro? Incluye “tres grandes iniciativas”. A saber: 1) La política industrial orientada a las pequeñas y medianas empresas complementando la preferencia tradicional por las grandes firmas. 2) Una política agrícola que “supere el contraste nocivo entre el ideario agrícola orientado a la agricultura empresarial y el orientado a la agricultura familiar”. Se trata de “organizar el sistema de precios, el seguro agrícola y el seguro de ingresos, para resguardar la agricultura la combinación fatal del riesgo económico y físico”. 3) “Establecer la causa de la defensa como inseparables del desarrollo del país. Esto implica no solo reorganizar las fuerzas sino también nuestra industria de defensa, estatal y privada”.

Respecto de la relación entre nuestros países, las opiniones del Ministro son también muy significativas. Mangabeira propone “empezar a trabajar ya en emprendimientos binacionales, sea en política industrial para pequeñas y medianas empresas, agricultura, ciencia y tecnología o militar”. En efecto, la nómina de acciones conjuntas posibles y también estratégicas, incluye otras, como la energía nuclear. Nuestros países cuentan con dos centrales cada uno, una tercera en construcción en cada lado y proyectos de desarrollo futuro de la energía nuclear, los cuales, toman nota del papel creciente que esta fuente energética renovable está adquiriendo en el actual escenario mundial. Existe un importante campo de cooperación en este terreno y un instrumento disponible, la Agencia Argentina Brasileña de Aplicaciones de la Energía Nuclear (AABAEN), establecido, en el 2001, durante mi desempeño en la Presidencia del Directorio de la Comisión Nacional de Energía Atómica. Agregó el Ministro que no tenemos todavía “debate sobre nuestras respectivas estrategias nacionales de desarrollo, no tenemos una comunión intelectual y precisamos tenerla”. En el “segundo paso” de la política del Gobierno Lula, su Ministro tiene la esperanza de una colaboración con los argentinos. Porque “no es posible construir una gran unidad sudamericana sin tener un proyecto compartido y esto no quiere decir solo intercambio comercial e integración física. Exige convergencia de una trayectoria: estrategia de desarrollo y de civilización”.

Estas opiniones del Ministro Mangabeira Unger son coincidentes con las de otros de sus compatriotas eminentes, como, por ejemplo, Helio Jaguaribe, tan convencidos, como él, de la esencialidad de la alianza estratégica de Argentina y Brasil para desplegar los respectivos desarrollos nacionales en las fronteras ampliadas de la integración. También sugiere que las actuales turbulencias internacionales abren nuevas oportunidades para nuestros países y que ambos crecieron “en los momentos siguientes a las grandes conmociones”.

Desde que los presidentes Alfonsín y Sarney firmaron el Acta de Foz de Iguazú, a fines de 1985, hasta la actualidad, los vínculos bilaterales se estrecharon en el intercambio comercial, las inversiones y el posicionamiento conjunto en los foros multilaterales. Pero, también, soportaron las consecuencias de los desequilibrios de cada uno de ellos y de la vulnerabilidad frente a los acontecimientos internacionales. En la actualidad, volvemos a enfrentar el impacto de las turbulencias del mercado mundial que influyen en las realidades internas de los dos países y en su relación bilateral. Es indispensable, por lo tanto, como propone Mangabeira, mirar más halla del corto plazo.

La relación de nuestro país con Brasil es de tal importancia que influye en el despliegue del potencial argentino y en el diseño y ejecución de la estrategia de desarrollo nacional. La alianza con Brasil nos debe servir a nosotros, como a los brasileños, para ampliar las fronteras de los respectivos desarrollos nacionales, fundados en la incorporación creciente de tecnología y valor agregado y la elevación del empleo y el bienestar.

Para estos fines, es preciso enfrentar las asimetrías observables en las estructuras productivas de los dos países fundadas en la desindustrialización argentina durante la hegemonía neoliberal y, en el caso del Brasil en la acumulación de un considerable poder industrial y tecnológico en áreas claves como la energía (tal el caso Petrobras) y en otras tecnologías de punta, como la aeronáutica (a través de Embraer). En ese escenario, Brasil también cuenta con empresas nacionales de escala que se están proyectando al resto del mundo y, comprensiblemente, a la Argentina.

Estas asimetrías actuales, sumadas a la diferencia de dimensión de las dos economías nacionales, no debería inducir a la suposición de que el destino de la relación bilateral es reproducir, en el espacio regional, una relación centro-periferia, entre un Brasil industrial y una Argentina principalmente proveedora de alimentos y materias primas. Si así fuera, perdería sentido el significado de la integración como instrumento del desarrollo argentino pero, en tal caso, la responsabilidad no sería, como no lo fue en el pasado, del Brasil sino de nuestra propia incapacidad de consolidar nuestra densidad nacional y trazar un rumbo eficaz del desarrollo argentino.

Tenemos así por delante el desafío de construir una relación viable, mutuamente conveniente, para lo cual Argentina tiene que ampliar y profundizar su desarrollo industrial y tecnológico, integrar las cadenas de valor de la producción primaria con la participación creciente de componentes provenientes de nuestro propio acervo, impulsar el protagonismo de las empresas argentinas y, en este escenario, generar una dinámica de relación con las filiales de empresas brasileñas radicadas en el país (y, por cierto, con las filiales de otras precedencias) de integración con nuestras empresas y cadenas de valor y el acceso conjunto a los mercados internacionales.

La cooperación bilateral debe extenderse necesariamente a todo el espacio del Mercosur y, en particular, a través de acciones conjuntas que promuevan el desarrollo de los dos socios de menor tamaño y desarrollo relativo, Uruguay y Paraguay. La solidaridad conjunta hacia fuera con los vecinos construye también la solidaridad hacia adentro argentino-brasileña. La programación del desarrollo industrial en áreas importantes como, por ejemplo, celulosa y papel, es una forma de vincular los intereses de los cuatro países miembros del Mercosur. Si, por ejemplo, hubiéramos desplegado esta posibilidad a tiempo, nos habríamos ahorrado los dolores de cabeza provocados por las instalaciones de la pastera de Fray Bentos.

*Director Editorial
Buenos Aires Económico

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