19/04/2010
Adicciones y uso problemático de las drogas
Vaciar para llenar
Las iniciativas de prevención y rehabilitación con respecto al consumo de sustancias adictivas, en general y con destacadas excepciones, están llenas de buenas intenciones, falsa información y prejuicios peligrosamente arraigados en la cultura popular.
El “mundo de la droga” está plagado de mitos. Algunos son resultado de la ignorancia, otros nacen como subjetivas posesiones intelectuales que predican la idoneidad profesional como única solución, y los más peligrosos son producto de planificadas estrategias de control sociopolítico para profundizar la brecha de clases y mantener el status de los dominadores y los dominados. Cuando nos referimos a los mitos, estamos dando cuenta de creencias e ideas socialmente arraigadas que no se cuestionan. Algunos de éstos son:
• Que “la drogadicción” es una enfermedad, por lo tanto, la rehabilitación de un consumidor se desarrolla principalmente bajo criterios médicos y/o psico-orgánicos.
• Que el consumo de drogas lleva, inevitablemente, a la muerte. Sin embargo, no hay estudios que indiquen, por ejemplo, que el uso sistemático de pasta base de cocaína lleve inexorablemente a la muerte, más allá de que sí podría potenciar enfermedades que puedan provocar el fallecimiento del consumidor. Pocas personas hablan de lo que significa “la muerte social” del consumidor de pasta base de cocaína como resultado de su relación de absoluta dependencia con la sustancia. La única sustancia activa que, si se consume en forma permanente y abusiva, produce la muerte es el alcohol pero está culturalmente integrado a nuestra existencia sin mayores cuestionamientos.
• La única forma de rehabilitación es la abstinencia (en contraposición con la reducción peldaño). Esta lógica promueve un principio culposo que requiere un inmediato resarcimiento del “culpable”. Desde este criterio, una recaída se entiende como un fracaso en el proceso de cambio y no como parte de este último.
• La mejor forma de “combatir” las drogas es fortaleciendo los cuerpos policiales y endureciendo las leyes, es decir, asumiendo que el control es la única iniciativa eficiente. Este criterio es el favorito de los sectores políticos más retrógrados y reaccionarios; se simplifica la problemática y se refuerzan los cuerpos de control para “todo evento”.
• Los “drogadictos” son delincuentes, no sólo porque usan sustancias ilegales, sino porque se considera que todo su accionar de consumo tiene que ver con actos ilícitos.
A partir de la complejización de los mitos se forjan prejuicios promovidos por los medios de comunicación y reforzados por vivencias particulares que se convierten en generalidades:
Se piensa que el consumo y el tráfico de drogas tienen su origen en los sectores sociales más pobres. Pero bastaría preguntarse si el traficante que vende en la esquina de un barrio marginado es el dueño de los barcos, camiones o aviones que transportan y distribuyen las sustancias.
• El tráfico y consumo de drogas se asocia directamente a los jóvenes del sector social más pobre. Aquí se expresa la gran contradicción de la humanidad: los jóvenes mueren en la guerra en nombre de la Patria y son generacionalmente sacrificados por los errores y vicios de los más viejos, sin embargo son vinculados directamente a los males de la sociedad, más aún si son pobres, y la peor maldición es ser pobre y revolucionario. El sector socioeconómicamente alto no se visualiza, en general, como demandante de drogas ilegales. Se considera que existe una relación directa entre el consumo de drogas y la consumación de delitos (robos y hurtos) con el objeto de mantener al primero. Para entender esta arraigada creencia hay que reflexionar en torno a lo siguiente: existen delincuentes consumidores dependientes de sustancias que cometen delitos, pero una persona que se constituye como un drogodependiente no se convierte necesariamente en delincuente.
• Es mejor poner los recursos económicos públicos en el control y endurecimiento de las leyes que en iniciativas de prevención sociocomunitarias. Hay una relación directa entre el crecimiento de los cuerpos policiales especializados con el nacimiento de una nueva generación de traficantes más audaces y violentos dispuestos a defender “uno de los mejores negocios del mundo”. Las gestiones de prevención son muy baratas y efectivas si las comparamos con las iniciativas de control.
• El uso abusivo de drogas legales no se visualiza como delito (uso de psicotrópicos y alcohol) ni como sustancias riesgosas.
Las sustancias no son el real problema sino nuestra relación hedonista e ignorante con ellas. Para asumir un cambio social profundo primero hay que vaciarnos de todas nuestras falsas creencias y comenzar a llenarnos de información fidedigna. Cuando hay mayor información hay mayor capacidad de decir que no.
Escrito por la Coordinación Programa de Atención de Menores en Riesgo y Proyecto Construyendo Espacios Participativos (Ministerio de Desarrollo Social de Salta) y Seccional SADOP Salta.
Nota publicada en la revista La Tiza
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