26/04/2010
El sindicalismo Latinoamericano y del Caribe: el camino hacia la Patria Grande
En 1974 la CLAT acuña el término Comunidad Latinoamericana de Naciones (CLAN) suponiendo que el término engloba también a las Naciones del Caribe. Desde entonces las organizaciones de trabajadores que estaban afiliadas a ella se propusieron la tarea de generar una construcción colectiva que desde el mundo del trabajo edificará en razón de ese objetivo.
La CLAT contaba con una institución formadora de cuadros Sindicales que orientaba en el mismo sentido se la llama Universidad de los Trabajadores de América Latina (UTAL). Durante más de 50 años esta casa de estudios y capacitación sirvió a innumerables contingentes de trabajadores de América Latina. En el año 2000 falleció el inspirador de ambas realizaciones don Emilio Máspero y desde entonces la UTAL llevó su nombre.
En el 2006 muerta y sepultada la Guerra Fría desde 1989 en Europa los dirigentes de la CIOSL y la CMT deciden fusionarse y crear la CSI. Invitaron también a sus organizadores regionales a hacer lo mismo.
En América Latina convivían –malamente- la CLAT entidad Latinoamericana afiliada a la CMT, ambas adherentes iniciales a la doctrina social de la Iglesia y la ORIT organización panamericana de fuerte influencia del Departamento de Estado de los EE.UU. el desafío era fusionar en una nueva entidad aquellas dos que expresaban posiciones irreductibles no sólo políticas y/o geográficas sino profundamente ideológicas. Porque - por cierto – el latinoamericanismo - no es trinchera territorial sino ideológica. Es la reivindicación de las herencias mas profundas de la tierra y el proyecto de Patria Grande que habían soñado los Libertadores.
Nada de esto hay en el panamericanismo que solo exhibe la hegemonía del Norte imperial y su intención de trasladarlo al campo de los trabajadores organizados. Lo que es peor, no lo guía sino el afán de generar el campo propicio para ese nuevo instrumento imperial llamado “Libre Mercado” con su vector globalizante de las multinacionales y el poder financiero.
Nada de esto sucede en Europa, donde los países han asumido – a veces grotescamente y a trasmano de su propia historia – el neoliberalismo que los hace – ellos creen – socios - y en realidad, siervos del poder imperial anglo – sajón americano –
La destrucción de la única organización sindical latinoamericana en beneficios del panamericanismo es el resultado de una trama oscura e inconfesable y la debilidad cómplice de algunos.
Algún día se sabrá la verdad que fue trascurriendo oculta a las defecciones y ambiciones de unos y otros, los senderos políticos más profundos que empezamos a descubrir. A luz de los acontecimientos que han sucedido en estos últimos años ha quedado en claro que el mundo se dirige hacia las grandes expresiones regionales convocando a los países a unirse en vastos escenarios geográficos auto sustentables que les permitan afrontar los desafíos del futuro evitando las hegemonías imperiales y generando poderes propios que permitan hacer valer la soberanía de cada uno y del conjunto.
Esto parece haber sido comprendido por los gobernantes de Latinoamérica en general y ha dado lugar al reforzamiento y desarrollo de construcciones regionales como el MERCOSUR, algunas más amplias como UNASUR y finalmente a una organización de Latinoamérica y el caribe que remplazará a la panamericana OEA.
Nunca como antes en nuestra historia común se han abierto tantos cauces de coincidencias y avances en un proyecto latinoamericano, como hoy. Sólo esta ausente el sindicalismo con una organización regional que contribuya desde los trabajadores al mismo propósito.
Desde FLATEC nos negamos, oportunamente, a su disolución para incorporarnos a organizaciones más globales pero cuya dependencia de las políticas centroeuropeas las inhibe de un auténtico desarrollo latinoamericanista. A cuatro años de aquella fusión inicial de la CIOSL y la CMT la historia nos da la razón.
A la ilusión unipolar globalizante y mercadocéntrica que impulsó a una unidad ficticia despojada del calor de los trabajadores les han respondido acontecimientos que dan por tierra con esas visiones.
Particularmente en América Latina, el éxito del grupo de Río en cuatro acontecimientos de primera magnitud, a saber, el conflicto Colombia - Ecuador, el intento de derrocamiento del Presidente de Bolivia, Evo Morales, la vergonzosa destitución del Presidente de Honduras Manuel Zelaya y el no menos importante pronunciamiento en apoyo de Argentina en su disputa por la soberanía de las Islas Malvinas con Inglaterra, marcó la declinación y muerte del organismo panamericano de la OEA. Lo más importante ha sido la decisión política de los gobiernos de crear en su remplazo una institución latinoamericana y caribeña.
Estamos asistiendo a un reordenamiento geopolítico, geoeconómico de carácter regional pero del que está ausente el mundo laboral. Nunca como en este momento es tan importante que los trabajadores constituyamos nuestra propia fuerza latinoamericana para no solo apoyar esta construcción sino para darle el sentido popular de soberanía y justicia.
El protagonismo activo de los trabajadores en el proceso de integración regional es un imperativo categórico surgido de la necesidad de alentar y generar el desarrollo de la industrialización de nuestros países, con el consecuente beneficio para el sector laboral. Sin industrialización integral no habrá jamás pleno empleo y sin pleno empleo no habrá jamás justicia social. Por ello, no sólo los ideales históricos reclaman la realización de una Organización de Trabajadores que apoye la integración, sino también el desarrollo industrial independiente que marque el territorio soberano de la clase trabajadora y su bienestar.
La FLATEC no se equivocó, sino que por el contrario, decidió jugar tras objetivos de grandeza frente a los mezquinos intereses que impulsaron a dirigentes desorientados a negar la historia y las visiones de nuestros libertadores.
¿Alguien puede creer - acaso - que San Martín, Bolívar, Artigas, O’higgins, Sucre, Morazán Martí y tantos otros hubieran bendecido el panamericanismo de los trabajadores? ¿O, se hubieran preguntado si los trabajadores les seguirían en sus esfuerzos por crear la Patria Grande de Latinoamérica y el Caribe?
Por: Prof. Mario Morant
Secretario Relaciones Internacionales e Integración FLATEC
Secretario Relaciones Internacionales SADOP
Director IPLAC
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