25/06/2010
BAE - El Argentino
"Los argentinos debemos empeñarnos en la construcción de un proyecto nacional"
El filósofo Horacio Ghilini es el Secretario General del Sindicato Argentino de Docentes Privados y titular de la Secretaría de Estadísticas y Defensa del Consumidor de la CGT. Por ser miembro del Consejo Directivo de la Central Obrera, Buenos Aires Económico lo entrevistó para llevar a los lectores una opinión de primera mano sobre los temas más candentes del sindicalismo argentino. Aquí el reportaje completo.
¿Qué objetivos estratégicos se plantea la CGT?
La CGT tiene como objetivo estratégico lograr el más amplio bienestar de todos los trabajadores argentinos en el marco de una sociedad en la que impere la justicia social. La consecución de esa meta hoy pasa por defender y profundizar el modelo implementado por el gobierno actual. Defender este modelo implica asegurar las conquistas obtenidas y seguir adelante para resolver los problemas estructurales aún pendientes. Hay que solucionar el problema del empleo informal, situación que afecta a casi el 40 por ciento de los trabajadores. Se debe aspirar al pleno empleo, al empleo de calidad, con buenas condiciones laborales y salarios dignos con mayor poder adquisitivo. Todo ello puede alcanzarse profundizando el modelo instaurado desde el año 2003, no retornando a las recetas neoliberales que proponen casi todos los opositores. Por eso el movimiento obrero está demostrando su voluntad de incidir en el ámbito político, sin que ello signifique limitar esa participación a la exigencia del 33 por ciento de la representación parlamentaria de un partido. Así como el MTA direccionó sus luchas para cambiar el modelo imperante en los años 90, hoy la CGT concentra sus esfuerzos en la defensa y la profundización de este modelo alternativo. Esta CGT es oficialista del modelo, no del gobierno.
¿Qué opina sobre la dispersión del movimiento obrero en tantas corrientes? Está la CGT oficialista, con sindicalistas “gordos” e “independientes” adentro; por afuera, la CGT Azul y Blanca, que lidera Barrionuevo; la CTA con sus propias internas, y gremios por empresa que no reconocen a los oficiales.
Personalmente me disgusta que no exista unidad orgánica de todas las entidades de trabajadores. Pero si recorremos la historia del movimiento obrero argentino, podemos constatar que esta situación se ha dado siempre. Aún así, creo que la unidad en la acción y en la defensa de los intereses de los trabajadores es lo más importante. En el seno de la CGT no todos pensamos igual y eso no está mal, porque la unidad también se plasma en la diversidad. Lo verdaderamente trascendente es que todos tengamos en claro quién es el enemigo principal. Hugo Moyano siempre dice: “mi preocupación es que me apoyen los trabajadores, jamás cedería en mis posiciones ideológicas como precio por tener a todos adentro”. Esta afirmación es altamente ponderable porque viene de un líder que se opuso tenazmente al neoliberalismo cuando en la sociedad argentina campeaba el pensamiento único. Moyano es el líder indiscutido de la CGT porque es un claro emergente de esas batallas y de esa lucha inclaudicable contra el modelo neoliberal. En cuanto a los compañeros de la CGT menos comprometidos con la conducción, por respeto, nos los llamo “gordos” ni “independientes”, porque esas son calificaciones instaladas por los medios. ¿Qué derecho tengo para impugnar su representatividad, cuando la misma surge de la voluntad de los trabajadores de su propio gremio? Es muy gorila, muy autoritario, abrogarse el derecho a denostar a otros dirigentes sindicales. Eso que corra por boca de los enemigos de los trabajadores que están acostumbrados a criticar al movimiento obrero, a sus organizaciones y a sus dirigentes sindicales. En realidad lo que critican es el modelo sindical argentino, y lo hacen porque es un ejemplo bien ponderado por la mayoría de los trabajadores del mundo y muy eficaz a la hora de defender los intereses de la clase obrera. Claro que es perfectible, pero de ninguna manera aceptamos que desde afuera se le imponga un modelo distinto a los trabajadores. Los mismos medios que atacan el modelo sindical de la CGT, nada dicen sobre las formas en que el empresariado se organiza, ni de la manera en que elige a sus dirigentes. Con tal de atacar al modelo sindical argentino encarnado en la CGT, llegan a ponderar la acción sindical de organizaciones de la izquierda que pretenden retrotraer al movimiento obrero a la situación de hace seis décadas, la que por más épica que haya sido, era derrotada una y otra vez por las fuerzas conservadoras.
La reivindicación de llegar a participar del 50 por ciento del PBI ¿es una meta de los trabajadores alcanzable al corto plazo?
Con la crisis de 2001 la participación de los trabajadores tocó su piso más bajo. Los modelos económicos implementados en la Argentina desde Krieger Vasena a Cavallo, pasando por el también nefasto Martínez de Hoz, han conspirado contra los legítimos intereses de los trabajadores y generado brechas de desigualdad social sin precedentes. Durante los últimos siete años ha ido mejorando la participación de los trabajadores en la renta nacional, pero aún estamos lejos de alcanzar el 50 por ciento. Durante sus doscientos años de existencia, en la Argentina solo se superó el 50 por ciento del PBI para los trabajadores durante las presidencias del general Juan Domingo Perón. Nunca los trabajadores vivieron mejor que en esos períodos. Pero si hablamos de una meta no se trata de anclarse a un porcentaje. Hay países desarrollados donde la participación de los trabajadores en la renta nacional supera con holgura el 50 por ciento. Lo que hay que lograr en la Argentina es una mejora sustancial del poder adquisitivo de los trabajadores que exprese un cambio cualitativo que nos acerque a la justicia social. Una sociedad de esas características es beneficiosa para todos los argentinos o, al menos, para la inmensa mayoría. Sin embargo, como vemos a diario, el empresariado nacional aún no está maduro para comprender esto. Los empresarios se resisten a concertar con los trabajadores políticas de largo alcance, con sentido nacional y con visión estratégica. Una concertación de esta naturaleza no puede darse solo en torno a acuerdos de precios y salarios, no puede limitarse a eso. Los trabajadores tenemos que seguir dialogando y tendiendo puentes, y los empresarios deben entender que los avances de los trabajadores no persiguen la destrucción de la industria.
¿Qué opinión le merecen las declaraciones de Héctor Méndez, titular de la Unión Industrial Argentina (UIA), quien afirma que la carrera de aumentos de salarios nos está llevando a una psicosis y a una espiral inflacionaria?
Son desafortunadas. Porque él sabe muy bien que el tema salarial es de paritarias y por sector. Ningún empresario otorga aumentos más elevados que los que puede pagar. En las paritarias los trabajadores reivindican su poder adquisitivo y obtienen lo que pueden en acuerdo con las patronales. No generan inflación y de ninguna manera se trata de una psicosis. Los gremios que acordaron mayores incrementos salariales son aquellos que percibían sueldos más bajos, que estaban muy retrasados. Un trabajador que cobraba 1.500 pesos y obtuvo un incremento del 40 por ciento que le será pagado en dos o tres etapas, llegará a percibir dentro de un año la suma de $ 2.100. ¿Alguien puede pensar seriamente que esto es un exceso, que puede generar una psicosis o una escalada inflacionaria?
¿Qué objetivos pueden ser concertados por la CGT con otras organizaciones sociales?
La defensa y profundización del modelo actual no solo incumbe a la CGT. Hay muchas organizaciones sociales y políticas que reivindican el mismo objetivo. Se trata de conformar un Frente Nacional y Popular que exprese esas alianzas políticas y sociales. Esta idea no puede confundirse con formas organizativas que aspiren a la fusión de organizaciones, tiene que darse como una alianza tras objetivos programáticos comunes y respetando la diversidad de sus componentes. La CGT no pretende –como lo hace la CTA- llevar a su seno a otras organizaciones sociales.
¿Están dadas las condiciones para convocar a un Consejo Económico y Social?
No. Las condiciones para ello aún no están dadas, hay sectores de la industria y del agro que no están maduros para acordar un proyecto de país con visión nacional y de largo plazo. Pero esas condiciones hay que crearlas, hay que concebir un CES permanente, no solo para los momentos de crisis sino también para los de apogeo. Los argentinos debemos empeñarnos en la construcción de un proyecto nacional.
¿Qué opina sobre la crisis europea?
Era de esperar que esto sucediera. Nosotros pasamos por algo muy similar en 2001, puesto que la Argentina fue precursora de la locura neoliberal. Las mismas medidas de ajuste que se quieren implementar en Europa son las que aquí fracasaron rotundamente. Pero no creo que los que aconsejan la aplicación de esas recetas lo hagan por ineptitud. Creo que, como aquí, en esta crisis europea hay grandes ganadores, especialmente los sectores del capital financiero concentrado.
Ante la posibilidad de nuevas crisis globales ¿cómo se pueden defender las conquistas logradas por los trabajadores argentinos?
El movimiento obrero tiene que mantenerse unido y fuerte en la defensa del modelo que posibilitó esas conquistas. Hasta hace siete años, cada crisis internacional, como la del tequila, la rusa, la brasileña, etcétera, impactaban durísimamente en nuestro país y los primeros perjudicados eran los trabajadores y los sectores más humildes de la sociedad argentina. Automáticamente se perdían decenas de miles de puestos de trabajo. Sin embargo, gracias al modelo actual, en 2009 sorteamos la mayor crisis mundial desde 1929 manteniendo el nivel de empleo y de salarios de los trabajadores. Para ello, el gobierno aplicó políticas activas, y en lugar de salir a respaldar al sector financiero y especulativo como hicieron en los países del Norte, ayudó a muchos industriales (Plan Repro y otros) y a pequeñas y medianas empresas para que mantuvieran los puestos de trabajo. Pero las crisis internacionales van a seguir y tenemos que estar preparados. En ese sentido, este gobierno está priorizando, acertadamente, una integración regional sin precedentes. Profundizar los vínculos con nuestros países hermanos a través del MERCOSUR, de la UNASUR, responde a una concepción geopolítica estratégica correcta. Nuestro proceso de integración debe ser original, sin copiar, como la que a principios del siglo XIX sostenía Simón Rodríguez, el gran maestro del Libertador Simón Bolívar. Nuestra integración regional no debe sustentarse en acuerdos de libre comercio, ni en apresuramientos por instaurar una moneda única. Debemos aprender de las lecciones históricas, por ejemplo, en la actual crisis europea, los estados más débiles no pueden corregir las asimetrías económicas existentes por no contar con la soberanía monetaria a la que renunciaron cuando adoptaron el Euro como moneda.
¿Cree que el modelo neoliberal puede volver a implantarse en la Argentina?
Sí, lamentablemente. Las elecciones de junio de 2008 han demostrado que el poder del establishment, en complicidad con los medios hegemónicos de comunicación, puede instalar una realidad virtual que haga que el electorado tome decisiones en contra de sus propios intereses y de los del país. El bombardeo mediático a veces no permite vislumbrar los logros alcanzados por la sociedad argentina. Tampoco permite reconocer que las causas de la mayoría de los problemas reales que aún nos aquejan se asientan en las políticas neoliberales de las décadas pasadas. En este sentido, nos preocupa que no haya en el arco político opositor, representantes que expresen los verdaderos intereses nacionales. Nos preocupa, también, que se utilicen temas sensibles como el de la inseguridad para hacer campañas demagógicas. No obstante, hay que reconocer que el proceso de cambios profundos ha obligado al establishment a mandar a la arena política a muchos de sus propios integrantes. En otras épocas les bastaba con solo recurrir a políticos profesionales. Ahora, en cambio, vemos a empresarios como Macri, De Narváez y a muchos patrones ruralistas, a pesar de sus torpezas, participando en política y defendiendo personalmente sus privilegios. Es lamentable que la oposición, de derecha y de izquierda, se empecine en debilitar al único proyecto político nacional y popular que ha surgido en el país en los últimos 35 años.
¿Qué puede aportarle al movimiento obrero organizado, la Corriente Sindical Peronista?
La CSP aspira a garantizar que el modelo Nacional y Popular sobreviva. Al corto plazo apunta al 2011, a las elecciones. Y lo hace sobre la base de los puntos programáticos enunciados en su Primer Encuentro en Mar del Plata, en setiembre de 2009. Sigue la buena tradición del movimiento obrero argentino, como lo hizo en Huerta Grande, en La Falda, con los 10 puntos de la CGT de los Argentinos y los 26 puntos de la CGT en la época de Saúl Ubaldini.
La Corriente Sindical Peronista, al igual que el MTA en los años 90, viene a realizar la tarea que las 62 Organizaciones, en su oportunidad, no supieron llevar adelante.
¿Qué opina sobre la aplicación de impuestos –como Ganancias- que gravan los salarios?
Por principios, creo que los salarios no deberían ser sujetos de impuestos. Hoy, desde la CGT estamos solicitando que se aumente el mínimo no imponible, pero deseamos que a futuro este impuesto deje de existir. Hace falta llevar a cabo una reforma tributaria. Este es uno de los temas pendientes en la agenda de gobierno. Se debería gravar la riqueza y devolver el IVA. La actual estructura impositiva -heredera de la aplicada durante los últimos 35 años- es regresiva y tiene que ser modificada. Hay muchos impuestos injustos y distorsivos. No obstante ello, el gobierno ha tratado de morigerar las desigualdades intrínsecas de esta estructura impositiva con decisiones importantes como las retenciones a los sectores agroexportadores que tantos dolores de cabeza le aparejaron en 2008, lo que demuestra lo difícil que es sacarle plata a los ricos.
Como dirigente de un importante gremio de docentes ¿cree que los objetivos de la Ley Nacional de Educación se están alcanzando?
La Ley de Educación es muy buena, pero la realidad no se cambia con una ley. La transformación de la escuela nos va a llevar muchos años. Los docentes perdimos al padre de familia como aliado en la educación de sus hijos. Recomponer la autoridad de los adultos sobre los adolescentes es muy difícil. Hay que replantear el sistema educativo, pensarlo en función de un proyecto de país distinto. La escuela pública nació como una necesidad social y económica concreta. En la fase de la segunda Revolución Industrial se necesitaban trabajadores alfabetizados, medianamente instruidos y disciplinados para cumplir un cierto rol en el aparato productivo. En Argentina, se puede afirmar, aún cuando nos separen muchas diferencias, que el modelo educativo sarmientino fue exitoso, tanto en su concepción, como en su implementación, para las necesidades del modelo de país que se estaba instalando sobre finales del siglo XIX. Hoy por hoy, tenemos el deber de refundar la educación argentina sobre otras bases y de acuerdo a un nuevo proyecto de país. Esa transformación solo se puede lograr si se la concibe como una verdadera gesta educativa.
¿Cómo está impactando la Asignación Universal por Hijo en el sistema educativo?
Es una medida formidable. La matrícula subió casi un 25 por ciento. Ahora hay que enfrentar los problemas de infraestructura que ello supone. Pero nos da mucha alegría que los pibes que andaban cartoneando en plena madrugada estén asistiendo a la escuela y se estén educando. También que estén vacunados y recibiendo atención médica como resultado de las exigencias que impone el cobro de la asignación universal. La Argentina fue siempre un buen modelo de ascenso social gracias a la educación, sobre todo cuando la misma era sinónimo de una buena integración socio económica. El que estudiaba sabía que como resultado de esos estudios obtendría un empleo acorde a sus aspiraciones. Lo que vimos en las últimas décadas fue la desnaturalización de ese modelo, puesto que el ingeniero podía terminar conduciendo un taxi y el tornero atendiendo un quiosco. Si al actual modelo socio económico lo dotamos de un sistema educativo acorde, podemos alcanzar los mejores resultados y garantizar el futuro de la Argentina.
Por Nelson Ferrer
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