En los Medios: BAE
12/07/2010
ALBERTO SILEONI
"Sabemos muy bien quién es el que pierde cuando se va el Estado"
El ministro de Educación reconoce como desafío revertir la “zona frágil” que representan los dos primeros años para la cantidad de alumnos que se reinsertaron en el sistema a partir de la asignación universal. “La autoridad en el aula no la da el título que tengas, te la da la labor cotidiana”, sostiene
Por Martín de Vedia y Mitre (<a href="http://www.elargentino.com/nota-98356-Sabemos-muy-bien-quien-es-el-que-pierde-cuando-se-va-el-Estado.html" target="_blank">BAE</a>)

En la Biblioteca de los Maestros del Palacio Pizzurno, el ministro de Educación, Alberto Sileoni, es un ciudadano más y apenas empiezan a dispararse las fotos se escucha bien claro un “sh” de los estudiantes. El funcionario, lejos de tratar de imponer su cargo, se pone colorado antes de abordar el desafío de contener en la escuela secundaria a los adolescentes que se están reincorporando a raíz de la asignación universal por hijo.

–¿Cómo trabajan la problemática de las adicciones en la escuela?
–No se resuelve sólo con educación, pero que sí tenemos mucho que decir: la escuela es un escenario para la prevención y esa es nuestra tarea. Es una prevención inespecífica porque el solo hecho de ir a la escuela y tener un proyecto de la vida ya es preventivo. También hay una tarea específica de prevenir, pero no desde el miedo.

–¿Cuál es su rol?
–Tenemos que ayudar a los educadores con herramientas, como el libro Prevención del consumo problemático de drogas que distribuimos en las escuelas. Tenemos que escuchar a los chicos, respetar sus valores y ejercer el rol de adultos con un fuerte discurso contra el seguimiento de los líderes para evitar presiones para entrar en la drogadicción o en los consumos de alcohol y tabaco. Todas las acciones de la escuela deberían tender a ser inclusivas, a meter a los chicos adentro de un proyecto.

–¿Cómo influye en ese objetivo la asignación universal por hijo?
–Hay algunas medidas que uno podría decir “estamos hablando de drogas”, para qué me preguntas sobre esto. Pero, justamente, influye la AUH porque ha incorporado a una cantidad de chicos al colegio; la creación de más de cuatro millones y medio de puestos de trabajo porque hace a una sociedad más justa e integrada, y la renovación de la escuela secundaria que anunció en febrero la Presidenta. Buscamos una escuela secundaria que, sin dejar de ser exigente y con pretensiones de calidad, pueda atender a una cantidad de chicos que hoy están afuera. Y la AUH para nosotros fue y es una herramienta muy poderosa. Hemos registrado un impacto notorio en la sala de 5 años y un gran impacto en el nivel secundario. Estamos construyendo el número pero no es menos que de 200 a 300 mil chicos más en las escuelas de todo el país.

–¿Cómo se va a adecuar la escuela a esos chicos que vuelven?
–Necesitamos que la escuela retenga mucho más a los chicos porque tiene una aceptable tasa de ingreso pero una zona frágil, que son los dos primeros años. El Estado nacional interviene económicamente adjudicando recursos a las escuelas para que puedan tener tutores, adultos encargados de cursos y profesores específicos para ayudarlos en los exámenes; invertimos en transportes para ir a la escuela –abonos y bicicletas–, y en recursos didácticos pedagógicos. La decisión de la Presidenta de dotar de recursos tecnológicos fue de alto impacto.

–Sin embargo, fueron decisiones criticadas…
–Son expresiones a las que ni habría que responderle, lo digo sin ironía. Es una muestra de profundo desconocimiento de la realidad decir que con la AUH aumentó el consumo de alcohol y el juego. En el argot político podría decirse que es una expresión gorila, gorila en el peor sentido de la palabra porque es la desconfianza hacia los sectores pobres.

–Y la oposición a la compra de notebooks…
–Tenemos que estar abiertos a las opiniones sobre acerca de que la distribución debiera ser en el nivel primario. Hay otra crítica que se refiere a que “distribuyen computadoras y se llueven los techos”. El Estado se tiene que hacer cargo de los techos y de las computadoras, no es divergente. No es arreglo todos los techos de las 45 mil escuelas y recién ahí distribuyo computadoras.

–¿Como ex ministro de Educación porteño, qué diferencias ve entre esta gestión nacional y la de la Ciudad?
–Está en las antípodas de lo que nosotros pensamos y creemos que debe ser el Estado, que ellos plantean más chico, inerme, sin capacidades y menos atento a los sectores que menos tienen. No somos nostálgicos del Estado de la década del ’40 pero llevamos en la piel y hemos sufrido el formato del Estado de la década del ’90. Cuando se va el Estado pierden algunos más que otros, y sabemos muy bien quiénes son.

–¿También se nota en relación a los jóvenes con problemas con la ley?
–Hay una disputa ideológica y cultural que tenemos que dar. De boca de los chicos siempre escuchamos que están hartos de salir siempre en policiales, de ser sujetos de sospecha. Hay una preocupación de los docentes por la autoridad y la autoridad no está dada nunca más por el título que tengas, te la da la labor cotidiana; si no usás el teléfono en el el curso podés pedir que no lo usen, si llegás temprano y no faltas podés exigir.
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