20/08/2010
Mario Morant: “Es necesario que los trabajadores estén presentes en la Unasur”
El secretario del Interior de SADOP habló de la actuación del sindicalismo en estos tiempos de globalización y se mostró a favor de la creación de espacios regionales de acción y contra las federaciones mundiales.
Mario Morant es secretario de Relaciones Internacionales del SADOP, y un crítico de la conformación de la Central Sindical Internacional (CSI) que, a su entender, “no va a durar mucho tiempo más”.
–Usted tiene una visión crítica de la Central Sindical Internacional (CSI) y plantea la búsqueda de una alternativa. ¿Cuál sería esa alternativa?
–Sería lo que en el Foro Social Mundial dicen: “Otro mundo es posible”. Un mundo en el que las relaciones de producción no sugieran la tiranía del mercado. La globalización trajo consigo el neoliberalismo, que es la expresión de un capitalismo financiero de mucha envergadura, que rompe una alianza que se había producido entre las burguesías industriales productivas, el Estado y los trabajadores y que había dado lugar a que la cantidad de excedentes que había tenido el mundo productivo, especialmente en Europa y los Estados Unidos, produjera que se descargaran parte de los beneficios en los trabajadores. Entonces, la clase trabajadora se sentía contenida y no planteaba una lucha frontal frente al capitalismo sino una especie de reformismo, mejores salarios, mejores condiciones de vida, y efectivamente lograron bastantes mejoras. Lo que sucede es que para que eso pudiera suceder en Europa y los Estados Unidos se pasó la aspiradora sobre las riquezas del Tercer Mundo, en donde el estado de bienestar cayó totalmente y se destruyó la alianza entre burguesía productiva, Estado y trabajadores, y lo que apareció es una preeminencia del capitalismo financiero que necesitaba extraer riqueza, y lo hizo de los trabajadores. Nosotros fuimos un claro ejemplo en la década del ’90. El Estado desguazado, las organizaciones sociales debilitadas y el capitalismo financiero creciendo. Pero ante las resistencias que se generaron en los países de la periferia, ahora van por las riquezas de los Estados Unidos y Europa.
–¿Y por qué el cuestionamiento a las confederaciones internacionales?
–Está claramente cuestionada porque la situación de los trabajadores es otra. Ya no están los trabajadores contenidos por el Estado y la burguesía industrial, sino que están desprotegidos, por eso están a merced del neoliberalismo que expresa el capitalismo financiero. Por eso es que, a mi juicio, y ésta es una opinión muy personal, esta fusión en la Confederación Sindical Internacional va a durar poco, igual que su expresión regional, la Confederación Sindical de las Américas (CSA).
–¿Cuáles son las razones?
–La más importante es que panamericanismo no es lo mismo que latinoamericanismo, y no son conceptos territoriales solamente, sino que son profundamente ideológicos y políticos. El mundo está hoy en una disputa Norte-Sur; no es la del Este y el Oeste de la Guerra Fría, hoy es el mundo de los ricos y poderosos del hemisferio Norte contra los más débiles y humildes del hemisferio Sur. Entonces, el panamericanismo sería una alianza inconsistente, ya hay muchos problemas internos tanto en la CSI como en la CSA, es por eso que nosotros como Federación Latinoamericana de Trabajadores de la Educación y la Cultura (Flatec), en su momento, antes de las fusiones, decidimos no entrar en ninguna de ellas, y creo que el tiempo nos está dando la razón.
–¿Qué panorama observan a futuro?
– Es muy difícil decir hacia dónde vamos, porque es un momento de reacomodamiento mundial. La última crisis financiera internacional puso de relieve la voracidad del neoliberalismo, que después de pasar la aspiradora por los países periféricos la pasa por los países centrales, incluyendo al propio Estados Unidos. Con lo que no estamos ya en la unipolaridad que se postuló después de la caída de la Unión Soviética, si se quiere estamos en una multipolaridad. Hoy es el momento de los grandes espacios autosustentables, por eso la importancia que tiene para nosotros la Unasur o la Comunidad Latinoamericana y Caribeña de Naciones. Y respecto de América latina, lo que está muy claro, y ésta es una segunda razón por la cual el sindicalismo latinoamericano va a tener que plantearse su unidad panamericana, es que todos los procesos indican la creación de organismos e instituciones en un nuevo orden mundial, de carácter latinoamericano. Y los únicos ausentes de este proceso de integración regional son los trabajadores, que no tienen una organización sindical latinoamericana. Para acompañar el proceso es necesario que estén presentes los trabajadores.
–¿Cómo influye la conformación de la CSI al momento de plantear reivindicaciones?
– En la CSI el secretario general es el británico Guy Ryder, que fue reemplazado por una australiana que viene del riñón de las oligarquías más conservadoras del mundo. Va a ser muy difícil sobrevivir ahí. En la CSA prácticamente los sectores latinoamericanos han sido bastante marginados como para poder esperar mucho, más allá de que hoy el secretario general es un paraguayo. Eso significa no fortaleza, sino debilidad para los latinoamericanos, porque se trata de alguien de Paraguay, no de Brasil ni de la Argentina. Eso va a ir en aumento, cada vez vamos a ser más desplazados. Más aun, Julio Roberto, uno de los vicepresidentes de la CSA, acaba de incorporarse al gobierno de Santos en Colombia, él había sido uno de los grandes impulsores de las fusiones. Está francamente repudiado por el sindicalismo colombiano de oposición, y éste va a ser uno de los detonantes de la crisis interna.
–¿De qué manera puede influir un acuerdo Mercosur-Unión Europea?
–El sindicalismo ha influido en hacerlo fracasar, porque realmente ese acuerdo era peor que el ALCA. Incluso porque incorporan muchas cláusulas de los acuerdos multilaterales de inversión que fueron muy cuestionados en estos pretendidos acuerdos que establecían, por ejemplo, que ningún país podía sustraerse a la venta de sus activos de producción industrial o financiero. O sea que si yo era extranjero y quería comprar y pongo un caso que nos afectaría a nosotros en el SADOP, como son los institutos de enseñanza privada, tenía derecho una multinacional a venir y comprarlos, no nos podíamos oponer. Así como eso todo lo que fuera propiedad del Estado podía pasar a manos privadas. Es la misma política del neoliberalismo, pero ahora asumida por la Unión Europea.
–Con el avance del neoliberalismo sobre los países centrales, ¿puede retroceder el sector trabajador?
– Lo está haciendo en Europa, con las medidas que tomaron en España, que son las mismas que tomaron acá. Indudablemente, hay un retroceso. Yo me acuerdo que en la época de Cavallo no queríamos ir a paritarias, porque cada vez que teníamos paritarias era para retroceder en nuestros derechos y no para avanzar. Es decir que un instrumento que había sido creado para una cosa terminaba siendo útil para otra. Pero es importante saber que en España, en Grecia, en Alemania y en Francia se tomaron ese tipo de medidas, se van a tomar en Italia, en Portugal, se viene una segunda ola de crisis. La pelea hoy en el G-20 por la hegemonía de la moneda entre el dólar y el euro hace que el G-20 no pueda ser un instrumento importante como para imponer ciertas medidas, ni siquiera en Europa.
Por Héctor Medina
PAra Diario BAE
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