Especial - Sociedad
09/09/2009
Debate para reformar la educación media
La escuela secundaria hoy: ¿Quién le pone el cascabel al gato?
Descripción del escenario actual del sistema educativo y algunas posibles líneas de acción para superar la crisis. ¿Cómo construir un sistema que consolide lazos a pesar de la fragmentación?
Abraham Leonardo Gak
Profesor Honorario de la UBA
Rector de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini
Director del Proyecto Plan Fénix


Inicio con la presente columna algunas ideas generales y propuestas concretas que intentan describir el contexto actual de la educación media y elaborar posibles líneas de acción para atender a este nivel educativo que la opinión generalizada acuerda en considerar el más expuesto a la crisis por la que atraviesa el sistema.

Estas ideas están estrechamente relacionadas con una ponencia elaborada en conjunto con la profesora Ester Motrel que fue presentada en las jornadas El Plan Fénix en vísperas del Segundo Centenario realizadas en el mes de agosto de 2005 en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA.

El escenario actual de la educación, alejada esta última de las bases que le dieron fundamento en el Siglo XIX, expone una debilidad que la vacía del sentido sobre el que enormes masas de población vieron satisfechas sus necesidades educativas como apuesta al futuro.

Esta concepción estaba fundada sobre el convencimiento de que la educación era condición para un futuro promisorio en el que confluían, aparentemente, las necesidades de la población –fundamentalmente inmigrante– con las necesidades del Estado de construir una Nación. Aunque parezca contradictorio, la escuela sigue siendo hoy reconocida como institución confiable y garante de posibilidades. La escuela no da garantías de un progreso seguro ni de una inserción social y laboral cierta; sin embargo, sin ella no existe ni siquiera la posibilidad de competir en una sociedad cada vez más sujeta a los dictados de los mercados.

La crisis por la que atraviesa –cuya expresión más notoria es el retraso, la reiterada repitencia y el abandono de la escolaridad media por parte de una enorme franja de jóvenes– da cuenta del sostenimiento de la desigualdad, de la segmentación y del carácter elitista que la caracterizó en sus comienzos.

En momentos en que el capitalismo neoliberal desplaza la lógica de organizar a una población en un territorio para formar ciudadanos a partir de la ley y se instala la del consumo como patrón de constitución de la subjetividad –somos en tanto poseemos– la escuela se encuentra despojada del sentido que la originó. La irrupción en la escuela de situaciones imprevistas ¬–la violencia de distintos tipos, el cuestionamiento a la autoridad, el asistencialismo, el trabajo infantil y adolescente, la maternidad y paternidad anticipada de los alumnos, el consumo y la adicción variada– genera impotencia frente a la representación de lo esperado y esperable, y fracaso escolar debido, entre otras causas, al desencuentro entre generaciones.

¿Cómo construir una escuela que consolide lazos a pesar de la fragmentación imperante? Esta situación nos lleva a pensar en escuelas que admitan principios distintos a aquellos que le dieron origen, y tiendan a aceptar y generar la pluralidad y la diversidad. Las diferencias no aparecerán como la excepción sino como el ingrediente fundamental, capaz de construir un espacio y tiempo habitables. Convertirse en adolescentes es inscribirse en procesos desiguales según su pertenencia a distintos grupos.

Estas reflexiones nos invitan a pensar en la necesidad de transformar un sistema fundado sobre principios que promueven la uniformidad, la centralización y la distribución de conocimientos para todos. La realidad ha demostrado que la escuela reproduce el orden social al generar la expulsión de quienes se encuentran –por la desigualdad en un sistema que no contempla las diferencias– en situación de inferioridad, ratificando así la injusticia. ¿Se puede seguir sosteniendo en función de principios democráticos un sistema único, cuando ya se ha demostrado su ineficacia? ¿No es posible pensar circuitos novedosos en estructuras, modos de organización y enfoques pedagógicos en función de distintas necesidades? ¿No es posible pensar una escuela que desarrolle competencias y capacidades semejantes con aprendizajes diferenciados?

La respuesta a estos interrogantes no está aún escrita; hay que construirla, discutiendo, acordando y equivocándose, es decir, experimentando. ¿Por qué no pensar en espacios dentro de las jurisdicciones que instalen la reflexión pedagógica con proyectos concretos y evaluables? ¿Por qué no pensar en el aula como el espacio privilegiado para la elaboración de nuevas concepciones y prácticas acordes con el desarrollo de los procesos de enseñanza-aprendizaje?

Un sistema que contemple estas cuestiones es una invitación al pensamiento y una apelación a imaginar una escuela que produzca cambios también en poblaciones actualmente excluidas. Tenemos conciencia de que el voluntarismo no podrá modificar de por sí la situación actual signada por una regresiva distribución del ingreso, con situaciones económicas y sociales lacerantes.

Es necesario señalar que esto conlleva necesariamente a plantear un incremento sustancial del presupuesto educativo como aspecto ineludible, ya que el actual es claramente insuficiente; un proyecto educativo diferente requiere incorporar no sólo profesores en cantidad y calidad suficientes sino también profesionales de otras disciplinas, como psicólogos, trabajadores sociales, expertos en comunicación y administradores. En este enfoque la educación no se limita al trabajo con los adolescentes sino que abarca de un modo integral a sus familias.

Queda abierto el debate. Si queremos cambiar nuestro país debemos hacer algo con la escuela media y pronto.

El problema es de enorme magnitud, pues lo que no hagamos o lo que hagamos mal repercutirá en la calidad de vida de los jóvenes y su posibilidad de enfrentar los desafíos del siglo, pues serán las futuras generaciones que tendrán a su cargo la responsabilidad de lograr una vida digna no sólo para ellos sino para todos.
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