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Abordamos especialmente en este número de La Tiza el tema de las Tecnologías de la Información y la
Comunicación (TIC) y su influencia en el aprendizaje dentro de la escuela y es en ese contexto que los invito a
confrontar, influir y construir, poniéndole “valor agregado” a nuestras palabras.

Confrontar con el modelo de exclusión, de una Argentina para pocos, de la eficiencia llevada al grado superlativo,
de la especulación financiera, del neoliberalismo social donde “los más aptos sobreviven”, de la escuela
de la competencia en contra de la solidaridad, del cientificismo sin trascendencia.

Influir ante un gobierno que, cuando acierta, requiere respaldo; cuando duda, requiere aportes; y cuando se
tienta con volver a las cómodas recetas del ajuste ortodoxo, requiere firmeza de los trabajadores.

Construir con los compañeros porque únicamente la organización vence al tiempo y no sólo trasciende a
ministros sino también nos trasciende a nosotros mismos.

De ahí que nuestra consigna en el plano de la cultura sea “agreguémosle valor a las palabras”. Y esto
desde la doble acepción del concepto de valor, es decir, palabras valiosas y palabras valientes.

Por ejemplo, educación liberadora es un concepto valioso porque nos remite a replantearnos los fines de la
educación y a salir de la trampa neoliberal, que la analiza exclusivamente desde la gestión. Pero al mismo tiempo,
hablar de liberación requiere un grado de valentía, pues supone denunciar la opresión, la dependencia, la colonización
pedagógica y la desinformación.

Si anhelamos una Argentina sin excluidos, es porque queremos una sociedad de pleno empleo. En consecuencia
es preciso que tomemos conciencia de que solamente lo lograremos a través del sostenimiento de un
perfil productivo integrado, diversificado y de alto valor agregado.

Hoy en día se ha desplazado el centro de gravedad del control social desde la escuela hacia los medios
masivos, en especial la televisión. Esto implica que los centros de poder invertirán más en la “TV basura” que en
la educación. Es contra este antimodelo cultural que debemos confrontar.

Para poder revertir esta situación debemos desde el sector educativo influir en la redacción de la próxima
ley de radiodifusión.

En definitiva, es imprescindible que los docentes nos apropiemos de las Tecnologías de la Información y la
Comunicación, no tanto como recurso didáctico para utilizarlas en el aula, sino para comprender los metalenguajes,
la construcción simbólica. De este modo, lograremos decodificar y adquirir una posición crítica ante los
medios de comunicación.

Promovamos la Formación en la Recepción Crítica de Medios, para evitar una sociedad idiotizada y masificada.
Intentemos construir una comunidad en donde cada uno sea artífice de su propio destino y no objeto de
la ambición de nadie.

Horacio Ghilini
Secretario General - SADOP