| Preparémonos para participar en dos leyes importantes para los docentes: la Ley de Radiodifusión y la del Financiamiento Educativo. Participar significa involucrarnos, estudiar los anteproyectos, acercar propuestas a la organización, generar debates con nuestros pares o con nuestros alumnos, discernir entre lo conveniente para el país, la especulación de los políticos y la manipulación mediática. En definitiva, esto es ser concientes de que lo que se decida nos va a afectar profundamente no sólo en cuanto ciudadanos sino en tanto docentes. Por un lado, la primera ley nos tiene que interesar en tres aspectos fundamentales: a) Nuestro rol; b) Nuestros alumnos; y c) Nuestro manejo de las TIC (Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación). a) Nuestra actividad compite hoy con los mass media por lo que es preciso contestarnos las siguientes preguntas: ¿lo que enseña el docente es reforzado por la televisión o la televisión destruye lo que intentamos inculcar en el aula?, ¿los medios masivos compiten con la escuela por ser mejores y más eficientes a la hora de transmitir valores o compiten para transmitir otros valores? b) Nuestros alumnos evidencian complejos problemas de aprendizaje. Por tratarse de una “generación digital”, llegan a la escuela con hábitos tecnológicos ya incorporados. Se aburren de la lectura como medio de apropiarse de la información. La trama de una novela pierde terreno ante la sucesión de imágenes y la fragmentación asociada del video clip. La nueva ley, en tanto debate de los medios audiovisuales, es un desafío para comprender mejor la cultura juvenil y desde allí educar valores. c) Los docentes debemos preocuparnos por adquirir los conocimientos de las nuevas TIC. Este es un planteo que ya venimos haciendo en números anteriores de La Tiza. Por otro lado, la segunda ley nos tiene que preocupar porque este año vence la “Ley Fonid” (Fondo de Incentivo Docente) y es necesario replantearnos un instrumento que debe ser tanto nacional como provincial, es decir federal. Dijimos en otras oportunidades que nuestro salario en definitiva es el reflejo de lo que “la sociedad” está dispuesta a pagar por nuestra tarea. Por eso mientras no logremos revalorizar nuestro rol en el proyecto de país seguiremos emparchando la educación. La revolución educativa que junte calidad (la excelencia) con cantidad (¡para todos!) significa tomar la educación como una gesta, algo así como cuando una comunidad decide reconstruirse después de un terremoto. Ponerle más presupuesto a lo mismo conducirá a iguales resultados… pero más caros. No faltará quien luego de medir los resultados venga con las consabidas recetas del ajuste… La revolución educativa pasa hoy por la doble escolaridad, la capacitación de los docentes en servicio, la personalización de la enseñanza (¡deberíamos tener no más de 25 alumnos por curso!). Doble escolaridad que signifique refuerzo escolar, talleres de oficio y deportes. Eso es lo que necesitan nuestros adolescentes para no terminar bailando por un sueño con el paco y la birra… Pero este cambio requiere que hablemos de dinero, y esto significa rediscutir la Coparticipación Federal y redistribuir de otro modo la riqueza de los argentinos. Horacio Ghilini Secretario General - SADOP |