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LA OTRA DESCONEXIÓN

La crisis financiera actual ya se encuentra más allá de una simple falencia en la regulación frente al supuesto accionar imprudente de los bancos y el sistema financiero. Es mucho más profunda e involucra una forma de concebir la economía que comenzó en el mundo a principios de la década del 70.

En estos 30 años, la reducción de la tasa de ganancia empresarial empujó a un modelo de apertura indiscriminada de las economías con el claro objetivo de obtener deflación salarial o, lo que es lo mismo, importar los sueldos bajos del mundo. En este sentido, la relocalización del capital y la libertad en el intercambio facilitaban la depresión de los salarios.
El esquema de pérdida de poder adquisitivo del trabajador se combinó con otro proceso explosivo: para poder sostener la producción con bajos salarios las familias tienen la necesidad de endeudarse.

El sistema financiero validó el endeudamiento, sin grandes regulaciones, para continuar con la especulación.
La crisis no fue causada por la mala regulación. Ésta fue un síntoma del verdadero problema: el librecambio que generó bajos salarios, y con estos, las deudas que resultan impagables. Por ello, en los últimos años el capitalismo ha sufrido numerosas crisis en las que el problema recurrente es la incapacidad de pago. Es decir, la oferta se queda sin demanda efectiva, hay superproducción.

En Argentina, el proceso encarado desde 2003 en adelante se basó en un relativo aislamiento del flujo de capitales financieros y en un crecimiento asentado en el ahorro nacional y la expansión del consumo interno. En virtud de ello, se experimentó uno de los ciclos con mayores logros sociales de los últimos años: descenso de la desocupación a un dígito, creación de más de 3,5 millones de puestos de trabajo, reducción de la pobreza e indigencia, incremento del trabajo formal, integración social de más de 1,5 millones de jubilados al sistema previsional, etcétera. Todo ello trajo como consecuencia una mayor participación de los asalariados en el ingreso nacional, pero básicamente a causa de un aumento del empleo y no del salario.

Como consecuencia de la integración productiva en las cadenas de valor a nivel mundial, la crisis internacional -que hasta el momento había tenido bajo impacto financiero sobre nuestra economía- comienza a tener impacto real sobre sectores específicos, aunque mucho menos de lo que quisiera la corporación mediática y la oposición.

Para la Argentina fue positivo estar ajena a los vaivenes de los flujos de capitales, pero eso no nos aleja de la posibilidad de recibir consecuencias concretas sobre nuestra economía en la medida en que no intentemos apuntalar la fragilidad del poder de compra de las familias.

Aumentar salarios es desconectarse del paradigma creado desde principios de los 70 que busca la deflación salarial como variable de ajuste. Para ello es necesario sacrificar el modelo del librecambio ya que implica dejar de importar salarios bajos.
Si tomamos la crisis como una pandemia que está por venir, lo sensato no es “tomar todos los medicamentos posibles por las dudas…” sino estar sanos y fuertes.

El “vivir con lo nuestro” de hoy significa establecer una política estratégica común con los países de la región, mejorar el poder de compra de los asalariados, proteger el mercado interno e incrementar la participación de los trabajadores en el ingreso nacional.

Horacio Ghilini
Secretario de Estadísticas, Registros y Defensa al Consumidor de la CGT.
Secretario General del Sindicato Argentino de Docentes Privados.