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En otra oportunidad me he referido al diálogo como instrumento. Es útil tanto para evitar una escalada como para implementar una tregua, explicitar intereses y materializar un consenso, o coordinar metas y sueños y así concertar un futuro.

La materialización del ámbito propio para la Enseñanza de Gestión Privada tiene la potencialidad de instrumentar estos tres niveles de diálogo y tendrá la profundidad que los propios actores sepamos darle.
En tanto punto de llegada es el resultado de innumerables esfuerzos: de quienes superaron la formalidad de lo jurídico para adentrarse en el “nudo de la cosa”, de quienes dejaron atrás viejos agravios siguiendo la sentencia del Martín Fierro (“y si alguno en esta historia / sospecha que le doy palo / sepa que olvidar lo malo / también es tener memoria”), de quienes supieron optar por lo “bueno”, siempre perfectible aunque concreto, ante lo “óptimo”, siempre pretencioso pero abstracto.

Este espacio es para quienes supieron ver que el todo es más que la parte, para quienes se animaron a conversar reservadamente eligiendo la discreción y no se tentaron con el escándalo mediático, para quienes supieron hacer el pase generoso para que otro convierta el gol y no perderlo por egoísta…

En cuanto punto de partida, este ámbito de negociación deberá federalizarse recogiendo las experiencias jurisdiccionales y “aterrizar” en la escuela, ya que el sujeto del beneficio tiene que ser la comunidad educativa. Los acuerdos de cúpula son necesarios pero no suficientes.

Suelo decir que siendo SADOP un sindicato nacional contiene en “pequeña escala” las luces y las sombras de nuestra querida Patria y por tanto en él se pueden apreciar tanto la riqueza y el colorido de los modismos regionales como las tensiones interprovinciales o de las Provincias para con la Nación, el límite entre autonomía y atomización, la relación entre la coparticipación de los recursos y las responsabilidades, el equilibrio entre lo cuantitativo y lo cualitativo, el problema de las grandes distancias y sus costos, la deformada distribución demográfica de los argentinos, etc.

En definitiva, esta analogía tiene su razón de ser en que ahora que estamos entrando en un clima de “diálogo social” convocado por el Gobierno, también apliquemos nuestra pequeña y modesta experiencia institucional para discernir la realidad actual y tratar de distinguir en estos difíciles procesos quiénes “ponen la mesa” o las condiciones, quienes esconden lo sectorial en discursos del bien común, quienes obran con grandeza o desde el ombliguismo egoísta, quienes consideran que sentarse a negociar es también “poner” y ceder y no “ventajear” y tironear, quienes provocan para patear el tablero y quienes defienden convicciones. Quienes saben que lo óptimo se opone a lo bueno y que la unidad es superior al conflicto.

Horacio Ghilini
Secretario General – SADOP